junio 04, 2010

Somos

inconformes.
Nos sentamos chueco. La magia viene muy de vez en cuando y generalmente se nos olvida a la mañana siguiente, hasta que algún destello torpe nos la recuerda. Queremos más pero no sabemos ponerle nombre. Queremos el nombre.
Nos resistimos a armar un manfiesto, porque esas cosas son vanas, pero podemos dejar el alma cantando una canción. No tenemos valor, ni miedo.
Nos importan tanto cosas tan pequeñas que las palabras no alcanzan porque salen sobrando. Sentimos el qué y el cómo, y ese asombro nos vuelve mudos, a pesar de nuestras herramientas. Vemos desde la diferencia, y juzgamos, se nos olvidan los sujetos en la persecución de los predicados. Y de los objetos indirectos y adjetivos calificativos. No nos sabemos las preposiciones, ni las proporciones, y es menos importante saberse el nombre que saber olvidarlo.
La voluntad está empeñada en quemarse las entrañas, sea con intensidad o con anestesia, pero quemarlas, porque nacimos sin naves y queremos abandonar los pretextos, y no hay modo más sutil que el del estruendo.
No sabemos nuestro nombre, porque se resignifica a cada rato aunque no logremos entenderlo, y cada vuelta de esquina es diferente -no sabemos si mejor- pero la defendemos.
Precisamos un corrector de estilo cada cadena mutante de palabras, hechos o imágenes; no sabemos otra cosa ni queremos claudicar, pero dudamos constantemente.
Sabemos que la lucha por si misma es una causa perdida, e intentamos reinventar espacios con ira, o con épica indeleble que reconocemos invisible.
Somos estos que se sienten irónicamente acompañados en la soledad. Porque no se unen las galaxias, se bautizan gracias a la distancia aunque existan reflejos.
Pulsiones desordenadas. Constantes -valga la redundancia- transparentes. Tan fáciles de descifrar que generan muchas preguntas. Sin respuesta posible, pero con alineación probable.

abril 19, 2010

El fino arte de mandar a la chingada

Eso nos pasa a algunos. Vamos acumulando presión como finísimas locomotoras hasta que el hollín se acumula en la chimenea y algo -más que explotar- se atasca y hace ruiditos molestos. Es entonces cuando decidimos que (inserte aquí tono dramático) ya estuvo bueno y cambiamos de carbón (cabrón o la forma que quiera usted darle a la patada en el trasero).
Luego viene el tedioso memorándum de "metieneshastalamadre" y la deseada libertad posterior.
Pero la cuerda queda tendida, y algunas veces se tira de ambos lados. Otras, queda uno de los integrantes del ahora disuelto equipo esperando respuesta con tirones más molestos aún que la tapadura inicial de chimenea. Es entonces cuando hay que tener tijeras para cortar el cordel o gracia para hacerle moñitos mientras el otro se desespera.
Abogados, dramas o mutis de por medio, la molestia, cuando el otro tiene cartas y se cree con el derecho de jugarlas, es inevitable; y lo digo más allá de peleas insulsas con el novio, me refiero a derrumbes más estrepitosos o, por lo menos, más permanentes (lo que requiere una decisión igual de rotunda).
La distancia no lo es todo y a veces el tiempo pone sus claúsulas y uno calla, se arrepiente y vuelve en ciclos confusos, o dando tumbos, para no pecar de autocomplaciente. Pero cuando se manda a la chingada debe hacerse con un golpe claro, certero y que no deje lugar a dudas.

¿Qué hacer pues, cuando uno ya guardó el sable y sigue recibiendo golpes en el muro? ¿es entonces momento de la guerra nuclear?

¿Se responde con indignación a los chantajes o se guarda silencio? ¿Se responde cual jabalí acorralado o se presume el cuello de cisne?

Ya no sé, chingados. Y no me vengan con que siga a mi corazón, porque esa frase nomás no me cuaja y me cae re mal.

marzo 22, 2010

Regreso


Si no me conoces, esto te va a dar mucha hueva.
La última vez que escribí más de una línea en este blog vivía en otra casa, tenía otra familia, otro trabajo y bebía menos. También estaba menos temerosa de que se malentendieran mis palabras.
Tras casi un año sin extrañar mucho ninguna de las anteriores fotos del pasado, y bajo la premisa de entender al presente (ya pasado, siempre pasado), regreso a contar crípticamente las pequeñas batallas por encontrarle un lado luminoso, intenso o podrido a los días. Generalmente es una queja, pero sigo prefiriendo estar en desacuerdo que no sentir nada, todo mientras busco o pretendo encontrar respuestas y reconocer las cosas que me quitan el hastío (sí, con todo el lugar común que ello implica).
Prevalecen la sed y el cansancio, el infinito desencanto y el letargo que heredan las paredes y las prisas, pero tengo menos ganas que nunca de pelearme con lo dado. La lucha es cambiarlo, dejar que las cosas florezcan y marchiten (como las flores horarias, esas de Ende en Momo), no meter las manos antes de pensar en todo lo que rodea los pequeños mecanismos en los que estamos envueltos.
Me asusta parecer conforme, y aclaro que creo que nunca lo estaré, ya que peco crónicamente de mirar el jardín del vecino. Pero ahora sé reaccionar más eficientemente en consecuencia: torpe e inflexible, pero nunca soportando.
Todo eso suena mucho más radical de lo que es.
El desacuerdo, la respuesta lenta, la permanencia dentro de un espacio de creencias cada vez mas disuelto (gracias a las mil alternativas que tiene cada forma de pensar) se ha convertido en la respuesta para mí, midiendo los espacios en los que media esta solución. No todos los lugares son campos de batalla ni todos los interlocutores reaccionan ante las mismas palabras, y el truco está en saber cuándo se requiere una intervención de verdad personal, impresa con ímpetu (con todo lo físico del término).
No es lo mismo ser caníbal en casa con el refrigerador lleno que en la puta jungla tras días sin comer -ok, otro lugar común, disculpen las molestias que mi óxido ocasiona/la molestia no es temporal y no sé si haya beneficio.
La cosa es que no sirve de nada negar las realidades (que alcanzamos a mirar). Los polos definitivos siempre tendrán una extensión o una excepción, y bajo esos términos la magia está en dejar de asumirnos como máquinas perfectas que tienen un algoritmo funcional para cada cuestionamiento. Somos humanos, carajo. Y como tales la cagamos magníficamente y rompemos líneas que algunas ocasiones vale la pena reconstruír. No olvidamos. No perdonamos. Simplemente el tiempo sigue pasando mientras ensayamos más malabares.
Nos herimos, sangramos y luego -eventualmente- deja de importarnos el recuerdo porque hay cosas más importantes. Y justo esa es la labor. Encontrarlas. Sea o no en otra casa, con otra familia y en un trabajo distinto.
La diferencia está en cómo asimilamos esos segundos que nunca paran pero que continúan reconfigurándolo todo.

Sí, críptica, creo.
Ash

febrero 16, 2010

¿Te vuelves

adulto

cuando todo es más claro a través de un vaso con cerveza?

abril 22, 2009

Los cambios de marea

Estoy convencida de que todo es una versión de algo que ya vivimos, conocimos o sospechamos. Eso me deja con la idea de que cada vez entiendo menos la urgencia que tenemos algunos (siendo optimista) de ser únicos, irrepetibles o inolvidables para los demás.

La verdad, para mí, es que llega un momento en el que hemos pasado por tantas cosas, besado, amado y olvidado tantos pedazos de los días y los amores, que esta urgencia debería irse volviendo irrelevante hasta desaparecer.

Pero no. Queremos ganar un puesto en el ranking del otro como si la vida fuera una eterna subasta, apoderarnos de un lugar que no sólo no nos corresponde, sino que no existe. Y, mientras olvidamos y hacemos paquetitos de genéricos con los demás, esperamos ser ese cometa Halley que devuelva el rumbo a algún "afortunado" o, ya de jodida, a algún transeúnte.

Por eso nos deslumbra lo incalculable. Por eso se nos antojan tanto las cosas fuera de nuestro control. No tener algo en las manos implica una pequeña posibilidad de salvar ese abismo que nos separa de las fibras sensibles de otra persona. Implica que la sorpresa aún es posible y que podemos, por un ratito, olvidarnos de lo aprendido y volver a creer o a descreer algo. Pero eso tampoco existirá mientras intentemos no recordar el pasado para configurar el futuro.

¿Por qué no extenuarnos en el ahora? ¿Por qué no aceptar que seremos parte de una plasta de circunstancias en las vidas de los demás? ¿Por qué no entender que no seremos en exclusiva quién cambiará la vida de alguien?

¿Por qué no aceptar la propia vida como algo mutable, como lo único e irrepetible?

Versiones de las cosas siempre habrá, tenemos impresa en el ¿alma? una red de experiencias que, invariablemente, nos arrojarán el pasado a la cara.

Y sobre ser el únicoirrepetiblemaravilloso que tatúe para siempre la vida del otro... pues siempre pasa, de cualquier manera. Tal vez sólo no pase como nos lo imaginamos en nuestra película mental de acción, romance y drama.

¿Cosas inolvidables? ¿Personas imprescindibles?

Me pudo más ver a las putas paradas en Sullivan una noche de lluvia, alineadas con sus paragüas, ignorando sus reflejos en el asfalto, que toda mi experiencia universitaria.

Ése es el momento en el que entra la mano de los otros en nuestras vidas y, por ende, en la que nosotros funcionamos en las de ellos: solo ayudamos a reconstruír o alimentar una manera de ver las cosas. Damos ojos nuevos, añadimos un botón al panel de control. Por eso nos quedamos con ganas de la gente que dice cosas nuevas, que reta nuestras perspectivas y hace que agarremos, de refilón, un nuevo par de lentes para la vida.

Y eso es bello y suficiente. Porque no depende de nostalgias inútiles, depende de hechos y transformaciones.

enero 03, 2009

¿Y si mejor planto un árbol? ¿Y si mejor la pateo?

Sí, sí. Nuevo año. Pasamos del ocho al nueve, el cronómetro vuelve a ceros y tenemos la sensación de una vidita nueva, mejorada y sin kilometraje, como recién pulida. Pensándolo tantito, lo único distinto es que nos vestimos chistoso y -a veces- usamos calzones de colores atípicos o comemos como puercos en engorda.

¿De dónde viene esta fantasía de regeneración? Digo, no es que quiera terminar con la maravillosa idea del renacimiento, pero el estado de las cosas es el mismo. El desamparo, la esperanza o los errores siguen el el mismo lugar, sin vinos ni deseos que los desaparezcan. La rutina continúa, el trabajo (o su ausencia), los gritos, las planchas para el pelo y los relojes. Hasta las uvas siguen su proceso de descomposición.

Habría que mirar hacia atrás sistemáticamente ¿Por qué no decidir un cambio también cada lunes o jueves? ¿Por qué no utilizar la entrada de la primavera (como hace mi mamá) también como año nuevo? Mucho tiempo pensé que la vida estaba hecha para decir, sentir y hacer. Hoy creo que cada quien tiene un truco para inventar su rumbo o alejarse de él, moldear objetivos, atrapar palomillas o quemar las naves.

Y sí, por primera vez en mucho tiempo hay cosas que tengo sin decir sin la urgencia de decirlas, gritarlas o mandarlas por correo certificado. A veces vale darle un poco de chance a la idea de la casualidad o dejar al destino jugar un rato.

Puede ser una idea tonta y romántica sobre las cosas "meant to be", que le reste intensidad a esta colección de sinsentidos agresivos. Pero nadie cambia por quererlo, sino cuando se hace algo al respecto. Y no siempre se quiere hacer, o se puede.

Un tragafuegos de semáforo vacío iluminó las gotas de llovizna pegadas al parabrisas de esta confusa con computadora y blog en un día en el que no tocaban ni lluvias ni fuego. Y escribo, extraño y no quiero decir.

"Sometimes truth isn't good enough, sometimes people deserves more", como dijera Batman. Sí, se puede romper la superficie, volver al cuento para respirar y regresar al agua en la que nada pasa, o pasa diferente, o nomás se vuelve algo que no queríamos pero que nos sepulta con sus litros y litros de vida corriente y salina.

Querer, decir, hacer, aguantar, jugar a la sutileza, el eufemismo o la traición. Disfrutar las cosas suaves y serenas para que terminen extintas o en explosión. O ¿quién sabe? tal vez solo continúen siendo, sin compromisos de in crecendo. Nomás pasandito, como la vida. En la que no importan los compromisos de cambio, ni las promesas venenosas, solo hoy, aquí y ahora. O mañana con todas sus cuentas de colores insertadas en un hilito que en cualquier momento se va a romper.

Quemar las naves, pues, solo levanta una humareda. Oler un cuello es solo oler un cuello. La respiración es un instinto y no dejaremos de hacerlo hasta que nos veamos obligados. Nadie nos persigue. La muerte ya no amenaza.

Primero la inocencia. Después, ante las pérdidas, el miedo. Luego te entra prisa por decir, por darle un peso a tu existencia, por no pasar desapercibido en el vagón de 1981 y haber cambiado la vida de alguien, tocado un corazón, enseñado como aprendiste. Y ahora pienso ¿y si sí? ¿y si no?

¿A quién putas le importa mas que a mí? o, mejor dicho ¿a quién me importa que le importe, mas que a mí?

Y si te sientes como quieres, o lo buscas, o te inventas un camino y lo sigues, solo piensa que nada es definitivo ni mandatorio, y después de muchos "hacer" y "decir" me quedo con los "sentir", y dejarme ser sentida.

Ya empezaré a subir fotos. Dicen muchas muchas cosas.

octubre 20, 2008

Citando a Clarice Lispector

"Claro que se le ocurrió que estaba invirtiendo lo que había sucedido. Que no había cometido un crimen para darse la oportunidad de saber qué quiere un hombre, esa oportunidad nace casualmente con el crimen. Pero procuró ignorar el incómodo sentimiento de mistificación: él necesitaba ese error para continuar adelante, y lo usó como instrumento. Y pasando por encima de su confusión, el hombre intentó por fin abordarse. Con un suspiro se abordó en términos claros y pensó:

Que no había cometido un crimen vulgar.

Pensó que con ese crimen había ejecutado su primer acto de hombre. Sí, valientemente había hecho lo que todo hombre tiene que hacer una vez en su vida: destruirla.

Para reconstruirla en sus propios términos.

¿Era eso entonces lo que quería con el crimen? Su corazón latió fuerte, irreductible, iluminado de paz. Sí, para reconstruírla en sus propios términos.

¿Y si no consigue reconstruirla? Porque en su cólera había roto lo que existía en pedazos demasiado pequeños. ¿Y si no consiguiese reconstruirla? Porque miró el vacio perfecto de la claridad y se le ocurrió la posibilidad extraña de no poder nunca reconstruirla. Pero si no lo consiguiese ni siquiera importaría. Había tenido el valor de jugar fuerte. Un hombre un día tenía que arriesgarlo todo. Sí, él lo había hecho.

Y orgulloso de su crimen, miró el mundo arrasado.

Arrasado por él mismo, a sus pies. El mundo desmontado por un crimen. Y que sólo él, porque él se había convertido en el gran culpable, podría levantar, darle un sentido y montarlo de nuevo.

Pero en sus propios términos."


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De La Manzana en la Oscuridad

octubre 03, 2008

Paja

He de decir que en los últimos años aprendí a dormir por toda la cama. Antes, como un reflejo, me acomodaba en un lado -el izquierdo siempre- y no me movía en las noches salvo cuando había pareja a la derecha, en cuyo caso nomás estiraba o la patita o el bracito para ser parte de un amasijo que abarcaba la cama en porcentajes y zonas siempre distintas.

Entonces los pies iban solos buscando la piel del otro, a saber si estaba frio, suave o dormido, en un afán automático de medir sus reacciones. Lo entrañable de las noches es eso, que vuelve a dos personas una y media, cuerpos revueltos con o sin lubricidades, pero fundidos en abrazos que no tienen que ver con la vigilia y que, por lo mismo, son incompatibles con los cálculos. Sinceros, ciertos.

Luego, obviamente, la costumbre se lo come todo y la suave perfección de antaño da demasiado calor, se mueve o ronca. Y conforme esas burbujas de bienestar a medio sueño se esfuman, llega la nostalgia del compañero, aunque haya una gran razón para la ausencia.

Si se aprenden ciertas lecciones con las relaciones humanas, es cada vez mas difícil pensar que alguien pueda compartir pequeñas o grandes cosas, fragmentitos de la vida, detalles sin importancia que por alguna razón la tienen o maravillas sin sentido.

Afortunado el que no tiene una memoria de sus lesiones incompatibles con el amor, el que las olvida o puede, a pesar de ellas, compartirse. Aquí es cuando llegan las fórmulas y empezamos a extrañar mas bien cosas que vimos en la tele, a querer un marido y ser super unidos con la familia, a preocuparnos por si el culo está muy guango, las tetas muy chiquitas o si sabemos cocinar. Y he de decir: No.

No me recuerdo perfecta en las fórmulas, me recuerdo mas contenta, emocionada y con cosas que decir, en una inercia que no requiere risitas "yo soy solo una chica", bucles dorados ni mascarillas nutritivas. Me recuerdo mas contenta porque alguien entendía algo importante, fueran mis palabras, mi cuerpo o la cosa extraña que ambas componen, que lleva un ritmo que se modifica cuando alguien lo mira y, amablemente, se acopla. Contenta porque alguien podía anticipar un deseo y cumplirlo no por obligación, sino como un juego emocionante que siempre tiraba nuevas líneas.

De pronto hay que enfrentar un universo de personas distintas, votar por un sistema, aferrarse de un planeta y elegir idiomas. De ahí a que puedas entenderte con un "lomismoparlante", todavía media otro universo. Y pasa. Te encuentras a los de la misma especie, levantas amistades, historias, romances o hermandades.

Unas se derrumban, otras se quedan. Pero casi siempre nos pensamos incompletos sin hacerle mucho caso a lo que de verdad sentimos, sabemos que nos falta algo, encontramos el nombre en el exterior, importamos la película y andamos por el mundo con la visión láser encendida pa encontrar a alguien que nos llene la vacante "solicito soulmate" "vacante para novio, buena presentación", "mejor amiga para salida nocturna, licencia vigente" "abuela con conocimientos de repostería"

Vamos llenándonos la cabeza con necesidades muy tipo lista del supermercado conforme nos consolidamos como adultos. Tal vez por cansancio (o derrota, no sé), vamos aceptando lo que se supone que alguien de nuestra edad tendría que estar haciendo, nos creemos el cuento y súbitamente estamos sufriendo por la carencia de aquello que al inicio ni siquiera nos importaba. Y manifiesto de vuelta. No quiero -como dijo el Sabina- un amor civilizado. Qué hueva querer de pronto que alguien se esfume para leer en paz en lugar de tener alguien a quien decirle lo emocionante de mi libro.

La cosa es dejarse ir, disfrutar la mutabilidad del otro y no echárselo a la espalda -como jurado en Chalma- hasta que la tragedia, la traición o el desamor nos separen. No, lo que separa es la falta de espacio para respirar, el temor a que el otro piense que bla bla bla o el pavor de seguir tocando esa canción que tanto nos gusta. La fórmula garantiza un vínculo acartonado que se puede ver -en el mejor de los casos- re envidiable desde afuera, o una amistad de esas que nomás traen cerveza de por medio.

Curiosamente son los protocolos de convivencia los que nos separan ¿Por qué no se puede decir -tengo frío, ven-? en lugar de ¿quieres salir por un café? ¿por qué no asumir que hay personas con las que solo nos gusta hablar, o dormir, o ir al cine? ¿cuál es el afán totalitario?

Porque vamos, como hormigas, pegándole nombrecitos a las cosas para manejarlas mas fácilmente y ahorrarnos el poner verdadera atención al otro. Es mil veces mas sencillo tolerar cosas que no nos gustan que asumir que un amigo, cuate o vecino pueden no tener las mismas fronteras. ¿Por qué es tan difícil respetar las diferencias y disfrutar los brillos?

No tengo siempre el mismo sabor, ni lo pretendo. A veces amargo y otras soy dulce. Si quiero saborear al otro hoy no tengo mas que preguntarlo, no pasará de que no se pueda o de que no haya sabor. Si podemos inventar nuevas recetas, hagámoslo, deshagamos la cocina y tengamos siempre trastes por lavar. Mezclémonos hasta que no haya mas ingredientes, o hasta que sepan mal los resultados.

Mejor revolverse en mil posturas y terminarse las posibilidades de la cama que perderse el invento de los mil cuerpos y medio. Si puedes hacerlo, si encontraste algunos "lomismoparlantes" date el chance de descubrir cuantas capas tienen, cuánta paja alrededor y cuáles estarán cómo en tu muerte. No te pierdas las pequeñas cosas que acaban configurándote. Conforme mas pruebas, más mutas, mejores mezclas aprendes. El reloj no perdona, las consecuencias tampoco. Dejemos las deudas para después, porque hay muy poco tiempo para tantos descubrimientos irrelevantes y hermosos que siguen pendientes en las bifurcaciones de la vida.

Muchas ramas salen del árbol que intentamos trepar. ¿Por qué no saber a qué huele una y cómo se siente otra? Es solo un tiempo el nuestro. Y si tengo que pegar etiquetitas a veces, prefiero que no sean las jodidas porque vivo en un universo de palabras para elegir.

A sacar la paja circundante y hacer de los otros entrañables agujas que puedan penetrar mejor, salir mejor, desviarse, volar y caer en donde sea. No paremos de descubrir.

Hay que beber si se tiene sed. Mucho.

Envidia de frases pasadas que deben aplicarse a mas que el amor

"¿A quién le importa ser aniquilado si dicho exterminio termina por suceder cerca de tu boca? A mí no. A mi paciencia tampoco."

agosto 19, 2008

Puertas del tiempo

Hay lugares que conocemos bien, sabemos a qué se sienten, recordamos los olores, la temperatura, cómo se reparte el sol por la tarde y con suerte sus estrellas. Son, para no hacer el cuento largo, parte de nosotros, el sótano de la torre, que soporta y ayuda a seguir inventando. Solo que están en el recuerdo.

El pasillo de la casa de la infancia, el cuarto de tus primos, sus camas con bastones de latón. El coche del papá rumbo a las vacaciones, el abrazo de alguien que murió después, la risa de la maestra de música o la cama del primer gran amante, las sábanas claras con risas atrapadas. Hay espacios que fueron poblados y ahora son imposibles, ya no son. Hay espacios que pueden repoblarse en el presente. Y claro, conocer de vuelta algo tan bien conocido y tan desconocido causa estragos. Lindos estragos.

Me es fácil entender ahora a los extranjeros cuando vuelven de vacaciones a su país natal, nunca puedes regresar al mismo lugar. Pero cuando se trata de recuerdos claros, de lugares inmutables, el mundo se sacude. Busquen un lugar que conocieron en la infancia y vuelvan. Un lugar que siga como entonces. El parque en el que aprendieron a andar en bici, la casa de los abuelos, ese rincón que nadie más ocupaba. Las azoteas de la adolescencia en donde fumaban mota, el cachito de banqueta en el que platicaban con sus cuates. Busquen una Dart K como la de su primer novio, cómanse un helado del que le gustaba a su mejor amiga.

Flashback: nadie se baña dos veces en el mismo río. De pronto sale a flote la pregunta ¿sí soy esa persona? Y darse cuenta de todo lo que tiene que pasar, recordarse y olvidarse para configurarnos como personas es serio, es importante. Miles de nudos y cuerdas que se doblaron en algún momento, se anudaron en otro, se rompieron mas allá para volver a juntarse. Las variables, todo el tiempo nos definen. Y nos siguen definiendo.

agosto 06, 2008

Como diría la Montero:

¡A ver si ya me quito de pendejadas y me entrego al amorts!

¿Será?

julio 28, 2008

Del Postsecret

Aceptamos el amor que creemos merecer
"We accept the love we think we deserve"

Me sacudió ¿Será así? ¿Es así para alguno de ustedes? Besos para todos, je.

julio 04, 2008

Baratijas de colores

La ley inquebranteble del miedo está diseñada para romperse.

Lo recuerdo siempre al mismo tiempo que a la muerte, cuando no sé si hacer algo porque ***.

Generalmente *** me asusta.

Entonces decido salir, ir con amigos, a fiestas, el cine, buscar, relacionarme con otros, con los otros que me causan algo. Y me cuelgo esos pequeños despistes, aretes, esmalte de uñas, construyo en automático una identidad que pueda distraer a los demás de lo que soy y que -sin embargo- da algunas pistas para el observador paciente, o para el que entienda la chapa o tenga una llave que quiera probar después de asomarse con mirada indiscreta. Hay tanto miedo de ser vistos que nos vestimos -casi siempre- con distracciones.

Da risa, es absurdo. Somos entrenados toda la vida para reconocer los indicios vulgares de la belleza, a perseguir las pistas estúpidas del placer y comprar cubos de felicidad social. Sabemos ver culos, tetas, distinguir labios brillantes y miradas asesinas, medias con redes, sombreros de copa, autitos con metal pulido y plástico flexible, calcular fortunas e infortunios. Aprendimos a levantar castillos prefabricados con la fórmula mágica de la amistad o el amor, queremos ser los de Friends y casarnos como la Jolie, y, al parecer, una vez dominada la fórmula se gana el juego. Aunque sea una mentira y lo sepamos.

No sabemos de ellas o tememos demasiado a las sutilezas, la belleza que se siente, lo invisible que corta de pronto al aire y se queda.

Lo tememos porque no hay confirmación posible. Y aunque la sensación se quede a hacer preguntas, nunca se deja tocar. Tememos lo que no podemos asir, que el otro nos quiera como se quiere a una cosa, que seamos deseados como personajes y no como lo que somos unas veces y otras no, y lo que queremos otros cinco minutos y luego nunca, o lo que olvidamos que éramos y de pronto vuelve. En nuestra calidad de humano voluble y cambiante. No queremos -o no quiero- ser un ingrediente de la fórmula del científico loco que logró descifrarme un segundo.


Desacostumbrados por completo no entendemos de complicidades que no se relacionen directamente con nuestras fachadas. No sabemos sentir, no aceptamos ser sentidos por el otro. En automático pensamos en nuestros caparazones brillantes o estriados, en las espinas o lo alegórico del carrito.

Cualquiera con un poco de suerte ha sido descubierto, más allá de los disfraces, y entonces aprende a ser sentido y decide hacerlo otra vez, o no. Sabes que en cuanto alguien te descubre, todas las cosas que dejas intuír son certezas para el otro, y quiere jugar con ellas, o ver qué es esa cosa al lado que todavía no entiende, o preguntar. Ver de qué color resulta una mezcla, una ausencia mañana, y una punzada después. Cuando alguien te ve siempre quiere ver mas o dejar de mirar para siempre. Cuando es encontrado ese ángulo desde el que eres un todo hay opciones: ser un todo querible o volverte nada. Y quieres escucharlo todo desde el otro lado de la puerta, quieres tocar pero no te mueves, quieres seguir viendo pero temes ser visto.

Entonces se vuelve absurda la obsesión con permanecer ciegos ante la belleza sutil.

De cualquier manera queda, siempre, la seducción punzante de lo externo, que puede ser prolongada hasta el último punto de la blusa, hasta mas allá de la muerte o morir siempre en el minuto siguiente. Morir siempre con la pregunta seductora, porque no saber que había detrás posibilita cualquier cosa. Aunque nunca sepamos lo que era. La catafixia mortal.

Podemos seguir ejerciendo, con prisa o con tiento el reconocimiento automático de la belleza vulgar, de plástico, de colores, y dejar que se filtre entre las sedas alguna maravilla. Baratijas ofrezcamos en lugar de corazón cuando no sabemos si tenemos uno, cuando tememos usarlo, cuando hay algo borroso sobre nuestra cabeza que nos dice ¿para qué moverme?. Sombreros de copa o rayitas en las mallas. Apréndeme así, y tenme como una figura a fin de cuentas desechable, o intercambiable por cualquier otra cosa con esmalte en las uñas y un cerrojo en la puerta. O salgamos de las fórmulas y disfrutemos algunos minutos que no tengan torres de cálculos, miedo y seducción primaria. Entendamos que, a veces, no hay fórmulas y no hay resultado, porque las cosas no pueden detenerse entre las manos, o que hay un poco de fachada, una mascada superpuesta, un trozo de vértebra y media rótula, amasijados con plastilina y unas gotas de quien sabe qué, que, generalmente, huele bien.

junio 27, 2008

The Slip

El mapa de descargas del último disco de Nine Inch Nails en Google Earth. Reitero: Reznor, hazme un hijo. Esto supera y reta las sutiles fronteras entre la belleza, la intuición, la música. Es una representación dura de la realidad, dura y emocionante.



Yo sí te mantengo, me cae.

junio 11, 2008

A falta

De frío o calor, ante el entumecimiento de la intuición, ante los días bellos y nublados de la ciudad y de mis ojos, ante las cosquillas y las distancias, una cita:

" Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso"

Confucio.

Chale, es difícil esto de convertirse en el macho alfa del propio destino. Pero se puede, o se intenta. Caray que de pronto se diluyen bordes y las fronteras se desplazan, mutan, invitan. Que antojo traigo.

mayo 13, 2008

Hortelano, 2006. Todos los laberintos tienen salida

Óleo de una monarca sin respuestas. (El pintor en la corte)

La princesa muere por ser vivida. Grita desde los céfalos de las flores. Llora con un altavoz reposando en sus lagrimales. Y rabiosa se deja olvidar, cada párrafo si es preciso, con tal de que la recuerden los historiadores de la pesadumbre.


La princesa no quiere cuentos ni castillos. O cuando menos rehusa abiertamente los que no se fragüen entre carne y granito. Ella se rebela contra las mariposas y sus alas de vidrio. Y se repliega ante los santuarios que se forjen sólo de aire.

No es una princesa de caricias aladas, ni del mar, ni de sueños de estambre. No es una princesa que conviva con princesas. No es una ecuación, ni un misterio, ni un puchero amaestrable. Es siempre ella -siempre- y ya. Aun si se viste de sí misma.

Ya sean grúas o tentáculos o sombras: Deslizarse sin defensa cuesta más que acicalarle. Es un mar de preguntas. Es un pantano feroz y que se teje entre respuestas. Tan sólo escúchenle respirar.

Ahí el pulso de los días. Suspiro. Quemazón.

Su ahora es más que mil promesas.

mayo 08, 2008

Pausas

Apagar la máquina, abrir todas las ventana en deshoras, dejar que entre el aire o salir al aire no delimitado por puertas y pasillos. Quitarle a las noches su mala fama.

No televisión ni música, tampoco luz. Solo nada y la liberación del zumbido de los aparatos. Te mueves, respiras, miras, hueles a algo que solo el otro puede reconocer. También el tacto. Las pieles, los ojos. Somos tan grandes cuando no chocan ondas violentas contra nuestro cuerpo que podemos percibir las que emitimos. Se pone solemne la cosa con unos minutos de silencio, de contemplación barata, sin estímulos estróbicos. Sutilezas, laberintos vistos desde arriba. La propia voz resonando dentro, no chocando contra otro.

Silencio, inventemos un arrullo propio. Un abrazo. El tic tac de cada quien, un ritmo en el que -dentro- la sangre va y vuelve. Siempre distinto.

Tic, tac ¿El tiempo está pasando? ¿Son míos los párpados que siento? ¿Va a llover, huele a noche? Tengo los pies cansados, la boca seca, algo estrujado. Puedo sentir los vínculos como listones, no como trenzas por deshacer.

Ahí estoy, aquí adentro. Y mi alma está -como dice Serres- en el justo lugar de mi cuerpo que atrapan ahora mi tacto o mi pensamiento. Intento repartirla, logro no fragmentarme, escalofrío.

Un segundo, ese segundo. Una canción de cuna.

Silencio.

mayo 02, 2008

Basta de misterios

El 2 de mayo es el 122º día del año del Calendario Gregoriano y el 123º en los años bisiestos. Quedan 243 días para finalizar el año.

Mi asistente sigue llegando tarde, hoy tuve mi primer viernes en una nueva casa, con otras entradas de sol, con nuevos vecinos y un mercado sobre ruedas al que no llego a tiempo para comprar mangos.

Hoy, para variar, hay problemas de oficina y no tengo ganas de seguir. Hoy no hay mucho sentido, nada parece tenerlo. Hoy sería un mal día si no tuviera plantas, si no tuviera sueño, sin estos deseos que, aunque absurdos, me dejan escaparme un poco del pensar y sentir cierto arrebato. La sensación de estar perdiendo el tiempo late mas fuerte cada vez, no sé escaparme de ella, no conozco este lugar.

No lo vale, hoy no vale la pena haberme levantado a imprimir firmes chicas con radiantes tintes para el pelo, en posturas francamente eróticas, con maquillajes absurdos. Hoy yo vuelvo a no valerlo para quien me importa, hoy vuelvo a desear épica a sabiendas de la nada.

No hay fórmulas. No hay brillos, promesas, sueños. Ya me cansé de soñar, de desear. Es una terquedad seguir imaginando porque hay un trazo del que no puedo escaparme. Y nunca he estado habilitada para esto, para no encontrar un engrane que accione otro lado de la máquina.

Como dice la canción con la que ando obsesionada "aposté por esta quimera". A chingarse.

abril 20, 2008

Puertas abiertas

Ventanas sin cortinas. No tengo miedo en mostrarme como soy, dar lo que tengo, hablar para quien quiera escuchar y pedir palabras otras veces. Hay quien no quiere estar cerca de mí, habrá quien tema preguntarlo. Puertas abiertas. Aquí estoy, y para nadie he de cerrarlas. A fin de cuentas se trata de voluntad, de ganas combinadas, de pasar nuestro pequeño tiempo. Vivir en cada respiro porque morimos en cada uno. Y no tengo ganas de "perder" más cosas que nunca he tenido, de "extraviar" afectos que no han sido míos, sino hacia mí.

Entonces, puertas abiertas. Me permiten ser más tranquilamente, percibir (no recibir) lo que tienen los que están cerca. Puertas abiertas a veces deja que otros destruyan, pero no sin entrar. No hay razón para negar mi corazón, no quiero abrir para siempre el almanaque del pasado. Tan sencillo que es pedir, decir, disfrutarlo. Disfrutar a la gente que quiero, estar sin guardia para poder querer más. Dejar que solas las cosas se configuren en un mecanismo que no exige pertenencias ni propiedades. No puedo ser para otros, no puedo ser para tí. Puedo ser yo, para mí. Y para quien decida acercarse. La vida parece un ejercicio de voluntad y decido ponerle un nombre.

No puedo vivir sin dos ideas: amor e integridad (respeto, si quieren, coherencia). Para poder hacerlo solo hay que hornarse, uno mismo. Y, con suerte, poder honrar a quien se acerque.

La cosa es cómo se vive, cuándo se muere. Y sí, la idea del honor me tienta, es fácil ser íntegro, dejar de negar, dejar de pretender que alguien nos debe algo. Y dejar que el deseo se manifieste, actúe y desaparezca.

abril 13, 2008

Society, Eddie Vedder



It's a mistery to me
we have a greed
with which we have agreed

You think you have to want
more than you need
until you have it all you won't be free

society, you're a crazy breed
I hope you're not lonely without me

When you want more than you have
you think you need
and when you think more than you want
your thoughts begin to bleed

I think I need to find a bigger place
'cos when you have more than you think
you need more space

society, you're a crazy breed
I hope you're not lonely without me
society, crazy and deep
I hope you're not lonely without me

there's those thinking more less less is more
but if less is more how you're keeping score?
Means for every point you make
your level drops
kinda like its starting from the top
you can't do that...

society, you're a crazy breed
I hope you're not lonely without me
society, crazy and deep
I hope you're not lonely without me

society, have mercy on me
I hope you're not angry if I disagree
society, crazy and deep
I hope you're not lonely without me

abril 04, 2008

Otra manera

El diagnóstico sobre lo que hacemos con nuestro tiempo debe partir del pronóstico que tenemos si seguimos haciendo lo mismo, no de las causas que nos hicieron estar en este punto.

A cambiar, a ser transparentes. Siendo transparente digo: estoy asustada casi todo el tiempo, aprendiendo a estar tranquila, a veces enojada, otras enamorada de mi peor enemigo, entercada con algunos horrores y con ganas de que llueva. No sé dejar ir y sin embargo dejo, no sé pedir pero recibo sin darme cuenta.

¿Alguna transparencia que quieran dejar en este blog? No es tan malo.