Cuando de pronto, de la nada, aparece algo lleno de fuerza y tan lúdico que la sonrisa y la sorpresa son inevitables. Nos da por pasar nuestro tiempito mirando siempre hacia el frente, delimitados, observando lo que todos, olvidando el perímetro y sus magias.
Entonces te llega un mail invitándote a un "empalmamiento simultáneo de tiempos discontinuos en un diálogo psicótico entre sujetos psicodélicos a través del hecho acústico" (o lo que hace el Ensamble Psyco Acústico), claro, también puede ser que te encuentres una margarita nacida a medio muro, un cielo de verdad hermoso o volver a escuchar a Tricky después de muchos años, y recuerdas lo emocionante que es casi todo. Porque ahí, entre sonidos de seis personas, o 20, o 100 se puede descubrir que la bóveda mejor pintada contiene también las estrellas más torcidas y que todo convive en cada espacio.
El mundo se revela a escala todo el tiempo, los significados, aunque escondidos, responden a la eterna búsqueda de belleza y amor. O como dijo la Kristeva "Ser psicoanalista es saber que todas las historias terminan hablando de amor" o, más que psicoanalista, humano. Y ¿para qué permanecer mirando en la misma dirección?
Porque existe gente que sigue sonriendo sin descanso cuando hace lo que ama, brincando, llevando un ritmo que ni sabemos si existe.
La de reacciones que causa alguien solo por hacer lo que le gusta ¿no?
Gracias, tú. Aunque no te sepas mi nombre.
noviembre 26, 2007
noviembre 16, 2007
Reiterando
Querido anónimo
Me estoy muriendo, te estás muriendo. Puedes haber muerto mientras te escribo. Puedo tener un derrame cerebral dentro de tres minutos.
Por ahí va la convocatoria, por el de convertir los "Buscaría, enfrentarme, decirles, pedirles, hacer todo lo posible, iría, montaría, amanecería" de tu texto en realidades.
A pesar del evidente riesgo de sólo encontrarte con un silencio ensordecedor que jode y ofende. Porque cuando se hacen las cosas desde el corazón y con fuerza, si no se resuelven igual valen la pena, una vez más el intento sana. Y hacer todo lo posible generalmente funciona; si no para los demás, para uno mismo.
Haciendo esto se podría convertir tu "esto habría valido lo pena" en "esto valió la pena". El tuyo y el de todos nosotros.
La vida, por suerte, no se vive conjeturando.
O, como dijo Martí "la mejor manera de decir es hacer"
¡Fuerza!
Me estoy muriendo, te estás muriendo. Puedes haber muerto mientras te escribo. Puedo tener un derrame cerebral dentro de tres minutos.
Por ahí va la convocatoria, por el de convertir los "Buscaría, enfrentarme, decirles, pedirles, hacer todo lo posible, iría, montaría, amanecería" de tu texto en realidades.
A pesar del evidente riesgo de sólo encontrarte con un silencio ensordecedor que jode y ofende. Porque cuando se hacen las cosas desde el corazón y con fuerza, si no se resuelven igual valen la pena, una vez más el intento sana. Y hacer todo lo posible generalmente funciona; si no para los demás, para uno mismo.
Haciendo esto se podría convertir tu "esto habría valido lo pena" en "esto valió la pena". El tuyo y el de todos nosotros.
La vida, por suerte, no se vive conjeturando.
O, como dijo Martí "la mejor manera de decir es hacer"
¡Fuerza!
noviembre 13, 2007
La muerte pasa
Está. Viene y mete su manita enguantada en nuestras vidas sin preguntar, toma algo, lo saca. Sin descanso. Y ¿de dónde viene el miedo a la muerte si no es a la falta de tiempo? ¿tiempo para hacer todo lo que no tenemos los huevos de hacer ahora, de decir ahora?
Invito a declarar. Propongo que aceptemos nuestra ineludible condición de moribundos y actuemos en consecuencia. Porque el martes murió él y el sábado ella. Porque la idea de las cosas sin decir me supera, porque quiero saberlo todo, decirlo. Porque generalmente lo que se calla también importa; no voto por las ediciones ni por los silencios. Y si bien las cosas pasan cuando tienen que pasar el presente reconfigura lo que viene y nuestra manera de entenderlo y jugar con ello.
Complete la frase:
Si supiera que me quedan dos meses de vida________________________
A eso me refiero.
Quiero un futuro con todos los elementos presentes. No quiero perder una ficha y luego un dado y quedarme a tres casillas de lo que detona la siguiente ola.
¿Quién sí? ¿qué falta?
noviembre 07, 2007
El reino de las 11:00 am o el post revolvente que no le interesa a nadie o de cómo el mundo se está acabando y yo no me enamoro
Siempre está quieto el péndulo, parece no haber salido de ninguna parte el polvo, extrañamente todo es de madera en este frío, nada roto. Hasta las cosas inmutables cambian ¿no? se recuerda, se levantan nuevos cuentos. Y el reloj sigue en las once. Ojalá la vida fuera así. Misterios sin tiempo y con solución.
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Acá va un párrafo de Auster, de La Invención de la Soledad. Al libro le dio la gana ser regalado y a mí me dio la gana regalarlo. Y como tiene que ver con el padre de Auster y el reino de las once es casa de mi padre, era muy ad hoc. Luego lo pongo, es fuerte, desesperanzado y "real", por lo menos según yo, que soy ilusa y no quiero entender mucho de "realidades".
----------------
Parezco ser la princesa del Reino de "Después", por eso times esta vez (rima, así que debe ser verdad). Quiero cosas que no existen, ser la mujer de los nardos y crisantemos, la chica que sonríe seguro con la luz de la tarde en los ojos, la que me imagino. ¿Existió? O de los Iris moraditos del desmemoriado si no hubiera habido culpa, la cosa es que nada pasa cuando tiene que pasar o la cegera me gana, y me gusta ser ciega, entonces, aunque me haga quejarme más. Mi punto es que el mundo no se va a acabar. Se ESTÁ acabando. Y esta cosa de que "si un día me has de querer, te debes apresurar" como que no aplica ya.
----------------
¿Por qué no agradezco no amarte?
Porque me podía agarrar de tí. Ahora que, si bien te extraño, ya no te amo y que logré dimensionar las cosas desde un planteamiento menos catastrófico (también logré escribirte de tú), me doy cuenta de que va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva a enamorarme.
Porque no había aprendido a vivir a pesar de las cosas. Nada se olvida, se sobrelleva, y entiendo, con esta adquisición involuntaria de sapiencia emocional, las miles de cosas que pude soñar cuando lo ignoraba y por qué te costaba tanto trabajo dejarte ir. Y si bien estoy decidida a deguir dejándome llevar por las sorpresas, los encuentros y las casualidades, maxime si son tan emocionantes y placenteras como contigo, sigo apuntada en el amor que me imagino, el de los putos milagros, el de las ganas que si regresan del limbo porque ya no existe y en donde no hay nada que temer.
No se puede tener miedo del pasado. No per se. No se pueden temer las verdades, y ahora que aprendo que esto de amar sin ser amado no era tan malo me gustan más las rancheras. Me sigue doliendo más el 2 de noviembre. Me sigue doliendo escuchar "te amo" cuando del dicho al hecho hay mucho trecho. Me deja de doler haber sido poseída porque creí que era amor ¿exisitió? para mi sí. Si existió en tí ya no me importa.
Eso de amar sin ser amado tarde o temprano se aprende ¿no?
Me gustaba amarte (amar es otro pedo) porque la épica estaba ahí, no me gusta quererte porque no puedo olvidar lo que aprendí. No de tí, sino de todo lo que no soy yo, en donde carezco de certezas. Y lo que noté sobre mis sentimientos me da miedo. Y eso me hace entenderte más, pero quererte menos.
El amor no es una palabra.
--------------
Y si tengo razón y el mundo se está acabando espero que no sea pronto porque quiero poder perderme un poco, de nuevo, en las casualidades, los encuentros y los abrazos que se inventan solos. Quiero creer y deshacerme, sentir que no puedo vivir sin alguien nomás porque no quiero poder. Quiero deshacerme en los ojos de alguien que me haga el amor y volver a esas miradas que siempre son distintas cuando se entra en otro cuerpo, en el momento en el que los ojos no son ojos y los humanos no somos nosotros.
Y este, que no conozco, no se merece una princesa a la mitad. La necesita completa para acabársela toda, como hiciste tú. Por eso no me enamoraré pronto, por eso no me desenamoré con otra boca. Por eso no te digo que sí, a tí, otro que me miras.
I'm not talking to you. I'm talking to me, just in case.
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Y como bien digo que dice mi madre: "yo por eso, no me caso"
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Acá va un párrafo de Auster, de La Invención de la Soledad. Al libro le dio la gana ser regalado y a mí me dio la gana regalarlo. Y como tiene que ver con el padre de Auster y el reino de las once es casa de mi padre, era muy ad hoc. Luego lo pongo, es fuerte, desesperanzado y "real", por lo menos según yo, que soy ilusa y no quiero entender mucho de "realidades".
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Parezco ser la princesa del Reino de "Después", por eso times esta vez (rima, así que debe ser verdad). Quiero cosas que no existen, ser la mujer de los nardos y crisantemos, la chica que sonríe seguro con la luz de la tarde en los ojos, la que me imagino. ¿Existió? O de los Iris moraditos del desmemoriado si no hubiera habido culpa, la cosa es que nada pasa cuando tiene que pasar o la cegera me gana, y me gusta ser ciega, entonces, aunque me haga quejarme más. Mi punto es que el mundo no se va a acabar. Se ESTÁ acabando. Y esta cosa de que "si un día me has de querer, te debes apresurar" como que no aplica ya.
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¿Por qué no agradezco no amarte?
Porque me podía agarrar de tí. Ahora que, si bien te extraño, ya no te amo y que logré dimensionar las cosas desde un planteamiento menos catastrófico (también logré escribirte de tú), me doy cuenta de que va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva a enamorarme.
Porque no había aprendido a vivir a pesar de las cosas. Nada se olvida, se sobrelleva, y entiendo, con esta adquisición involuntaria de sapiencia emocional, las miles de cosas que pude soñar cuando lo ignoraba y por qué te costaba tanto trabajo dejarte ir. Y si bien estoy decidida a deguir dejándome llevar por las sorpresas, los encuentros y las casualidades, maxime si son tan emocionantes y placenteras como contigo, sigo apuntada en el amor que me imagino, el de los putos milagros, el de las ganas que si regresan del limbo porque ya no existe y en donde no hay nada que temer.
No se puede tener miedo del pasado. No per se. No se pueden temer las verdades, y ahora que aprendo que esto de amar sin ser amado no era tan malo me gustan más las rancheras. Me sigue doliendo más el 2 de noviembre. Me sigue doliendo escuchar "te amo" cuando del dicho al hecho hay mucho trecho. Me deja de doler haber sido poseída porque creí que era amor ¿exisitió? para mi sí. Si existió en tí ya no me importa.
Eso de amar sin ser amado tarde o temprano se aprende ¿no?
Me gustaba amarte (amar es otro pedo) porque la épica estaba ahí, no me gusta quererte porque no puedo olvidar lo que aprendí. No de tí, sino de todo lo que no soy yo, en donde carezco de certezas. Y lo que noté sobre mis sentimientos me da miedo. Y eso me hace entenderte más, pero quererte menos.
El amor no es una palabra.
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Y si tengo razón y el mundo se está acabando espero que no sea pronto porque quiero poder perderme un poco, de nuevo, en las casualidades, los encuentros y los abrazos que se inventan solos. Quiero creer y deshacerme, sentir que no puedo vivir sin alguien nomás porque no quiero poder. Quiero deshacerme en los ojos de alguien que me haga el amor y volver a esas miradas que siempre son distintas cuando se entra en otro cuerpo, en el momento en el que los ojos no son ojos y los humanos no somos nosotros.
Y este, que no conozco, no se merece una princesa a la mitad. La necesita completa para acabársela toda, como hiciste tú. Por eso no me enamoraré pronto, por eso no me desenamoré con otra boca. Por eso no te digo que sí, a tí, otro que me miras.
I'm not talking to you. I'm talking to me, just in case.
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Y como bien digo que dice mi madre: "yo por eso, no me caso"
octubre 25, 2007
En el libro que leo
Ian McEwan pone en la mente de un enamorado de la misteriosa Sally Klee la siguiente frase:
"Y las imágenes que se nos quedaron en los ojos
fueron toda nuestra descendencia"
Y yo, como buena idiota, me enamoré de él y de ella. De Entre las sábanas.
"Y las imágenes que se nos quedaron en los ojos
fueron toda nuestra descendencia"
Y yo, como buena idiota, me enamoré de él y de ella. De Entre las sábanas.
octubre 05, 2007
Adjetivos
No hay plano que reconstruya nuestras mañanas de cambios de coche, alegrías, peras y escalones. Nunca volverá a aparecer en el momento preciso una mariposa mientras juegas con tu hija, ni habrá mujer que logre tus fotografías o te rete en un salón. No va a haber pasos como los nuestros por San Luis, sexo como el primero, ni frases como las tuyas. No hay cuerpo que hable así con el mío, manos que me guíen entre el desespero y las punzadas. Ojos cerrados.
Y amor, que eres esto que conozco, tendrías que ser adjetivo. Inexacto y caprichoso, mutante de blanco a negro: te entiendo hoy, solo un momento porque sé que seguirás siendo una idea nueva. Que debería existir una palabra para cada amante, que la complicidad inventa nuevos sonidos, que el amor nunca es el mismo aunque se llame igual, y que es terco reproducir historias porque existen un momento del que no se está seguro hasta que se olvidan las preguntas. Amor se llama nuestra circunstancia solitaria de deseo. Amor es todos los que conocen mis mañanas y mi frente, mis placeres y los llantos extraños en malos momentos.
Y sin embargo extraño cada voz y cada abrazo, cada amor como uno solo, como el único, como el mío.
La diferencia es sutil, tan leve y absoluta como la que hay entre hablar sobre las palabras o las cosas.
Es la trampa del adjetivo, de lo que se conoce, lo que nunca se deja. O de lo que decidimos no dejar.
Y amor, que eres esto que conozco, tendrías que ser adjetivo. Inexacto y caprichoso, mutante de blanco a negro: te entiendo hoy, solo un momento porque sé que seguirás siendo una idea nueva. Que debería existir una palabra para cada amante, que la complicidad inventa nuevos sonidos, que el amor nunca es el mismo aunque se llame igual, y que es terco reproducir historias porque existen un momento del que no se está seguro hasta que se olvidan las preguntas. Amor se llama nuestra circunstancia solitaria de deseo. Amor es todos los que conocen mis mañanas y mi frente, mis placeres y los llantos extraños en malos momentos.
Y sin embargo extraño cada voz y cada abrazo, cada amor como uno solo, como el único, como el mío.
La diferencia es sutil, tan leve y absoluta como la que hay entre hablar sobre las palabras o las cosas.
Es la trampa del adjetivo, de lo que se conoce, lo que nunca se deja. O de lo que decidimos no dejar.
septiembre 24, 2007
Puedo ver
Fabién dice, con razón: El amor es como el tocino, el cigarro o el café. Nos hacen felices aunque los sepamos dañinos. ¿Por qué no asumir el daño de entrada? ¿Por qué amar esperando que sea inocuo? Esta esperanza implicaría querer solo lo bueno, contar las nubes pasando sin que se queden. Los mundos sin lluvia no son fértiles, nomás. Aunque tengan muchas figuritas por adivinar.
¿Creer en el destino salva de ahogarse en las tormentas?
¿Se puede creer en lo "meant to be"?
¿La casualidad o la causalidad?
¿Hasta dónde creer en los milagros del amor?
Respuestas, por piedad...
¿Creer en el destino salva de ahogarse en las tormentas?
¿Se puede creer en lo "meant to be"?
¿La casualidad o la causalidad?
¿Hasta dónde creer en los milagros del amor?
Respuestas, por piedad...
septiembre 06, 2007
600 km
Superando líneas discontinuas, curvas, niebla, lluvia y calor de locos. Parecía tan difícil abrazarme. Fue tan fácil regresar a Veracruz (sin acento, aprendo). De pronto me distrae el mar que se enoja con las tormentas, por ratos logré cantar con tus manos en el volante y mi voz retando tolerancias.
Luego el sol y el fresco, de pronto mas y más metros, de ida y vuelta entre los pueblos diciendo tonterías, comiendo porquerías, asombrándome con todo. Enfrentar una cascada que nos obliga al silencio es a veces más difícil que enfrentar lo que pasa cada día en nuestros laberintos racionales. Mirar al otro y saber que para encarar esto no se puede estar acompañado, aunque lo mires haciendo un abrazo.
Así nada más viajando tan pocos kilómetros me acerco, me reconozco. Sé quien soy y dónde estoy parada. La distancia aclara dudas y las dudas matan distancias; me recuerdan cómo desempolvar ese eje, aceitarlo y ser, de nuevo anclada a lo que quiero sentir. Y parecía tan difícil.
Da lo mismo cómo se manifiesta la suerte y sin desentrañar misterios el tiempo pone y quita, da vueltas, acomoda y trae palabras. Cierto que todo cae por su propio peso, pero solo si dejamos de resistirnos. Lo demás es dejarse hacer, dejar de pensar y la congoja desaparece. Siempre hay algún lugar para volver a no ser nosotros, siempre algún afortunado que puede elegir entre la ciudad o la selva, camas, casas, arraigos. Bloques de cemento o mar.
Y vivir así nomás, sin tanto pedo, observando raíces; sabiendo que es posible. Como las Cumbres de Maltrata de bajada con lluvia y niebla, como la carretera de Puebla, como la confianza y los terremotos de bienestar que nos sacuden cuando los ganamos. No se trata de hacerlo bien, se trata de hacerlo completo, de ser franco, frágil o fuerte, uno. Y así somos, muchos. Y en nuestras y otras manos.
Qué bien se siente ser.
Luego el sol y el fresco, de pronto mas y más metros, de ida y vuelta entre los pueblos diciendo tonterías, comiendo porquerías, asombrándome con todo. Enfrentar una cascada que nos obliga al silencio es a veces más difícil que enfrentar lo que pasa cada día en nuestros laberintos racionales. Mirar al otro y saber que para encarar esto no se puede estar acompañado, aunque lo mires haciendo un abrazo.
Así nada más viajando tan pocos kilómetros me acerco, me reconozco. Sé quien soy y dónde estoy parada. La distancia aclara dudas y las dudas matan distancias; me recuerdan cómo desempolvar ese eje, aceitarlo y ser, de nuevo anclada a lo que quiero sentir. Y parecía tan difícil.
Da lo mismo cómo se manifiesta la suerte y sin desentrañar misterios el tiempo pone y quita, da vueltas, acomoda y trae palabras. Cierto que todo cae por su propio peso, pero solo si dejamos de resistirnos. Lo demás es dejarse hacer, dejar de pensar y la congoja desaparece. Siempre hay algún lugar para volver a no ser nosotros, siempre algún afortunado que puede elegir entre la ciudad o la selva, camas, casas, arraigos. Bloques de cemento o mar.
Y vivir así nomás, sin tanto pedo, observando raíces; sabiendo que es posible. Como las Cumbres de Maltrata de bajada con lluvia y niebla, como la carretera de Puebla, como la confianza y los terremotos de bienestar que nos sacuden cuando los ganamos. No se trata de hacerlo bien, se trata de hacerlo completo, de ser franco, frágil o fuerte, uno. Y así somos, muchos. Y en nuestras y otras manos.
Qué bien se siente ser.
agosto 29, 2007
Me entrego
Como la más fácil de las mujeres al juego inofensivo de cada noche, a las palabras que parecen solo nuestras con un nuestras que parece solo mío. Palabras que en lugar de levantar castillos rompen el viento y nos mecen en vez de sacudirnos. Me entrego a las frases perfectas que se redactan solas antes del sueño y que no escribo porque desaparecen como tú, todos los días, sin enunciarse.
Me entrego al desamor hasta que alguien me demuestre lo contrario. Me entrego a saber que es casi imposible y a creer lo contrario, acepto mi terquedad como la crédula mayor.
Los juegos y las palabras hacen suficiente, me dejan no hacer a sabiendas de la prisa. Es racional temerte por mis causas, no querer que entres ahora que te comería sin piedad en lugar de detenerme para que fueras alimento y no un bocado; no cerrarte los ojos sin ver mi reflejo. Pienso en Cortazar y el cíclope, capítulo seis de Rayuela, famoso con justicia.
He estado aquí, en ambos lados, perdiendo, ganando, y perdiendo para ganar. Si algo sé es que nunca hay veredicto cierto sobre corazón ajeno, si algo aprendí es que nunca se gana todo y hay que saber quedarse con lo que se desea; también a reconocer la soledad y decidir dónde ponerla y abrir o cerrar los labios ante ciertos destellos.
Me toca saber algo: el tiempo no perdona las treguas, y no lucho para no perderte. Lo poco que hay que ganar está fuera de lo imaginado y lo que nunca se plantea pocas veces es verdad. La épica se manifiesta en sentidos equivocados y yo, como la más versada en estos temas me quedo con mis preguntas. Contigo temo el desespero aunque significa perder lo poco que no hemos ganado.
Temo enunciar la sed y me conformo con imaginar que te pregunto ¿qué es el placard? Me quedo con mis risas de media tarde y las conversaciones nocturnas, con el juego de no estar estando, con el juego de jugar más que nunca intentando no jugar. Me quedo con la apuesta del hastío, solo para que exista la posibilidad de rejuvenecer en otras palabras y con otras fuerzas. El tiempo no respeta potenciales, el tiempo no nos quita nada, ofrece otras cosas.
Desde el fondo del placard del cuarto de invitados prendo una luz que está hecha para apagarse, no quiero retar más al amor porque las cosas pasan solas. Quiero dejarlo libre, negarlo y que alguien venga a darme el beso que despierte a la princesa desterrada, alguien que no vas a ser tú porque tus frases son de hoy y el impulso está pasando mientras lo miramos.
No quiero pedir porque sé de lo invisible. No quiero soñar porque sé de la vigilia. Me toca saber que esto es nada, y me quedo con creerlo todo, hacerlo y seguir meciéndome en castillos sin sueños. Hoy no me quedo callada y no espero porque creo en el desamor y he visto el miedo. No quiero reconocerlo porque es traicionero, ni dar lecciones porque ya gané el título que nadie desea y siempre cuesta demasiado. Por decir y pensar como pienso. Amor, coraje, vengan a callarme la boca. Esa es labor de otros, sabor de unos labios despiertos, tal vez apresurados, pero no empeñados en garantizar la muerte.
Me quedo con los juegos de media mañana, con las risas y lo joven de tus manos, con los ojos francos de tanto mirar el mismo cielo, me quedo con lo que es para que desaparezca después de un par de palabras francas debajo de las mismas cortinas. No pierdo mucho porque no tengo el coraje para soñar hoy, porque diluirse entre palabras funciona, lejos de telones que nos inventamos. No haciendo caso a los deseos y racionalizando lo irracional decido no soñar porque nunca he despertado después de un largo abrazo y temo quedarme dormida para siempre. Soy una defensora de los defensores del amor, y somos mal equipo porque respetamos premisas falsas. Y me voy sin querer irme ¿shall we?
Me entrego al desamor hasta que alguien me demuestre lo contrario. Me entrego a saber que es casi imposible y a creer lo contrario, acepto mi terquedad como la crédula mayor.
Los juegos y las palabras hacen suficiente, me dejan no hacer a sabiendas de la prisa. Es racional temerte por mis causas, no querer que entres ahora que te comería sin piedad en lugar de detenerme para que fueras alimento y no un bocado; no cerrarte los ojos sin ver mi reflejo. Pienso en Cortazar y el cíclope, capítulo seis de Rayuela, famoso con justicia.
He estado aquí, en ambos lados, perdiendo, ganando, y perdiendo para ganar. Si algo sé es que nunca hay veredicto cierto sobre corazón ajeno, si algo aprendí es que nunca se gana todo y hay que saber quedarse con lo que se desea; también a reconocer la soledad y decidir dónde ponerla y abrir o cerrar los labios ante ciertos destellos.
Me toca saber algo: el tiempo no perdona las treguas, y no lucho para no perderte. Lo poco que hay que ganar está fuera de lo imaginado y lo que nunca se plantea pocas veces es verdad. La épica se manifiesta en sentidos equivocados y yo, como la más versada en estos temas me quedo con mis preguntas. Contigo temo el desespero aunque significa perder lo poco que no hemos ganado.
Temo enunciar la sed y me conformo con imaginar que te pregunto ¿qué es el placard? Me quedo con mis risas de media tarde y las conversaciones nocturnas, con el juego de no estar estando, con el juego de jugar más que nunca intentando no jugar. Me quedo con la apuesta del hastío, solo para que exista la posibilidad de rejuvenecer en otras palabras y con otras fuerzas. El tiempo no respeta potenciales, el tiempo no nos quita nada, ofrece otras cosas.
Desde el fondo del placard del cuarto de invitados prendo una luz que está hecha para apagarse, no quiero retar más al amor porque las cosas pasan solas. Quiero dejarlo libre, negarlo y que alguien venga a darme el beso que despierte a la princesa desterrada, alguien que no vas a ser tú porque tus frases son de hoy y el impulso está pasando mientras lo miramos.
No quiero pedir porque sé de lo invisible. No quiero soñar porque sé de la vigilia. Me toca saber que esto es nada, y me quedo con creerlo todo, hacerlo y seguir meciéndome en castillos sin sueños. Hoy no me quedo callada y no espero porque creo en el desamor y he visto el miedo. No quiero reconocerlo porque es traicionero, ni dar lecciones porque ya gané el título que nadie desea y siempre cuesta demasiado. Por decir y pensar como pienso. Amor, coraje, vengan a callarme la boca. Esa es labor de otros, sabor de unos labios despiertos, tal vez apresurados, pero no empeñados en garantizar la muerte.
Me quedo con los juegos de media mañana, con las risas y lo joven de tus manos, con los ojos francos de tanto mirar el mismo cielo, me quedo con lo que es para que desaparezca después de un par de palabras francas debajo de las mismas cortinas. No pierdo mucho porque no tengo el coraje para soñar hoy, porque diluirse entre palabras funciona, lejos de telones que nos inventamos. No haciendo caso a los deseos y racionalizando lo irracional decido no soñar porque nunca he despertado después de un largo abrazo y temo quedarme dormida para siempre. Soy una defensora de los defensores del amor, y somos mal equipo porque respetamos premisas falsas. Y me voy sin querer irme ¿shall we?
agosto 21, 2007
Independencias
Sí, trillado o lo que sea, esta es una proclama del esfuerzo por ser feliz. Ya me cansé del ácido involuntario.
Me quedo con la vida del amor, con las personas que buscan a toda costa sentirse como quieren, me quedo con quien se deja sorprender por los retos constantes, con los abrazos de extraños que abrazando se vuelven nuestros (sí, eso).
Me quedo con pasar barreras, y saber discernir cuándo algo es importante y cuándo solo es más fácil, con respetar esa línea; quiero vivir los rumbos que no son rumbos, me quedo con la falta de conclusiones que emocionan y alimentan.
Me asusta asustarme (oh, sí), pero prefiero seguir asustada que regresar a las fórmulas que conozco. Me niego a asombrarme siempre con las mismas maravillas, que sé disfrutar y controlar, sin saber qué tienen debajo del vestido.
Es una proclama contra la vida mediocre y seductora de los tópicos dominados, en la que se sufre siempre lo mismo y se disfruta todo con los mismos límites. Me quedo con el amor que sorprende, que reta y que se supera, no con el que conozco, con el que quiero descubrir, me quedo con el amor que sigue después de los ojos, con el que se llenan los interludios, con el que alcanza para no amarse, me quedo con el amor que me tengo y que reparto de maneras extrañas, jugando, hablando casi.
Lo veo, tal vez escondido o aletargado, tal vez el algún abrazo ciego, no en el pasado que no soy. Soy lo que siento y me siento rara, a dos segundos de extrañas puertas que emocionan, sin pensar en lo que me niego cuando tomo una perilla. Brillante, así debe ser.
Y hay que tener el corazón suficiente para dejarse brillar. Quiero luz, el vientito en la cara y la fuerza para decidir lo que sea, lo que no esté en contra de mí. No quiero mapas, no creo en ellos. Pero decido creer. Sí juego. Sí apuesto. Sí quiero. Y creo porque tengo la libertad de hacerlo y me da la gana. Hay que dar la batalla, y si yo significa tú o nosotros, juego. Hay que pelearla ¿no?
Al final del cuento nadie es responsable por mi felicidad. Ser infeliz es muy fácil, todo el mundo es infeliz, y a mí, como me gusta complicarme la vida, me ajusta la otra opción. Si no en las mías ¿en manos de quién está?
Me quedo con la vida del amor, con las personas que buscan a toda costa sentirse como quieren, me quedo con quien se deja sorprender por los retos constantes, con los abrazos de extraños que abrazando se vuelven nuestros (sí, eso).
Me quedo con pasar barreras, y saber discernir cuándo algo es importante y cuándo solo es más fácil, con respetar esa línea; quiero vivir los rumbos que no son rumbos, me quedo con la falta de conclusiones que emocionan y alimentan.
Me asusta asustarme (oh, sí), pero prefiero seguir asustada que regresar a las fórmulas que conozco. Me niego a asombrarme siempre con las mismas maravillas, que sé disfrutar y controlar, sin saber qué tienen debajo del vestido.
Es una proclama contra la vida mediocre y seductora de los tópicos dominados, en la que se sufre siempre lo mismo y se disfruta todo con los mismos límites. Me quedo con el amor que sorprende, que reta y que se supera, no con el que conozco, con el que quiero descubrir, me quedo con el amor que sigue después de los ojos, con el que se llenan los interludios, con el que alcanza para no amarse, me quedo con el amor que me tengo y que reparto de maneras extrañas, jugando, hablando casi.
Lo veo, tal vez escondido o aletargado, tal vez el algún abrazo ciego, no en el pasado que no soy. Soy lo que siento y me siento rara, a dos segundos de extrañas puertas que emocionan, sin pensar en lo que me niego cuando tomo una perilla. Brillante, así debe ser.
Y hay que tener el corazón suficiente para dejarse brillar. Quiero luz, el vientito en la cara y la fuerza para decidir lo que sea, lo que no esté en contra de mí. No quiero mapas, no creo en ellos. Pero decido creer. Sí juego. Sí apuesto. Sí quiero. Y creo porque tengo la libertad de hacerlo y me da la gana. Hay que dar la batalla, y si yo significa tú o nosotros, juego. Hay que pelearla ¿no?
Al final del cuento nadie es responsable por mi felicidad. Ser infeliz es muy fácil, todo el mundo es infeliz, y a mí, como me gusta complicarme la vida, me ajusta la otra opción. Si no en las mías ¿en manos de quién está?
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